Alemanes contra griegos: el origen del fútbol

Crónica del partido:

¡Eureka! Solo faltaba un minuto para el final del juego. Las tribunas estaban llenas. Arquímedes, esta vez vestido, concibió la idea: ganaba quien meta el gol (es decir, quien introduzca el balón en el arco). Él inició la jugada, desde el medio campo, con un pase a Sócrates (pese a que este andaba repitiendo “solo sé que nada sé”, aún así se la jugó). Asustado y perplejo por recibir el balón, Sócrates como no sabía nada -pues las reglas del fútbol no se habían establecido- se la devolvió a Arquímedes. Pero, él ya tenía la noción cómo ganar. Continuó la jugada con Heráclito, quien, basándose en su dialéctica y en los continuos cambios de las cosas, corrió al arco.

Imágenes del partido vía Monty Python:

La lucha entre ganar y perder, correr y detenerse, lo movió a terminar la jugada. Sócrates, por su parte, partiendo de su ignorancia y de los conocimientos adquiridos en sus Diálogos, tomó autoconciencia de sí –“conociéndose a sí mismo”-, para llegar a comprender a los demás, a través de la Mayéutica, y la finalidad del fútbol: el gol. No demoró en entender el método de Heráclito y tras centro preciso de este, convirtió y dejó establecido la definición universal de gol: júbilo y sacrificio.

Claro, como no dejó obra escrita, agradecemos a Platón por contar la historia; quien, por cierto, era el arquero del equipo. Para él, este partido, por ser el primero en su clase, era el Ideal. El modelo a seguir. La realidad a imitar por los próximos mortales, digamos Pelé o Maradona, en su mundo sencible, material e imperfecto.

El resto del equipo lo conformaba Aristóteles, quien posteriormente fundó su Liceo, donde enseñaba el Arte del Fútbol y llegó a la conclusión de que el hombre es el Zoo Futbolero. En la defensa, Sófocles. A él le debemos lo Trágico del Fútbol y que los jugadores tengan muchos dotes teatrales en sus movimientos.

Empédocles era la columna del equipo. Gracias a su Eclecticismo dio balance al sistema. Epicuro en lo suyo: su fin último era el Placer de Jugar. La Felicidad mediante movimientos improvisados. Plotino completaba la oncena. Aunque guiado por Platón, para él, jugar pasaba por la emanación del creativo, del 10, del Uno, de Dios. El talentoso maneja el equipo. Conduce el fútbol. El resto juega para él y por él.

La anécdota: los griegos no tenían técnico. Argumentaban que no lo necesitaban. En el banco de suplentes: Tales, el primer futbolista, aunque amateur, Anaxímenes, Pitágoras, Parménides y Diógenes, el perro.

Del otro lado los panzers: la escuela alemana. Sistema: 4-2-4. En el arco, Leibnitz. Portero racionalista, estudioso del nivel y estilo de los delanteros contrarios. Creía que su sistema era el mejor de los posibles. Llevaba como cábala un crucifijo de Mónadas, al cual se encomendaba y colgaba en su arco. Kant, Hegel, Shopenhauer y Schelling formaban la defensa.

filosofos

Kant guiado por su moral autónoma y sus imperativos categóricos jugaba sin esperar aplausos de la tribuna. Hegel era el líbero y líder de la defensa, el punto culminante del fútbol idealista alemán. Su Idea Absoluta abarcaba todos los movimientos dialécticos de su equipo. Schopenhauer era el “distinto”. Central voluntarista e irracional. Obedecía a su impulso vital de ataque y defensa. ¡Y qué decir de Schelling! Su juego se basaba en una tendencia romántica. El buen toque y el fútbol espectáculo eran sus principios.

En el medio Beckenbauer y Jaspers. El primero era la sorpresa en la alienación. El segundo, debido a sus conocimientos sobre psiquiatría, era el cerebro del equipo y el jugador medular del medio campo.

En el ataque Schlegel, Wittgenstein, Nietzsche y Heidegger. Schlegel, “el Romaticista”, era el desordenado y el creativo de la ofensiva. Wittgenstein, “el Empirista”, jugaba siempre a la “segura”. Definía al fútbol como una ciencia exacta. Qué podemos decir de Nietzsche. Seguía a Shopenhauer. Obedecía a su espíritu dionisiaco de juego. La pasión, el caos y el desenfreno lo caracterizaban. Su apodo: “el superjugador”.

Solo, como único delantero, Martin Heidegger. En su constante búsqueda al sentido del ser, halló la respuesta jugando a la pelota. Entonces, comprendió que no hay sujeto sin equipo, ni yo aislado de los demás: los hinchas.

Técnico alemán: Martín Lutero. Abogado de profesión. Entrenador y agitador de vocación. Creador de las 95 Tácticas del Fútbol. A su estilo de juego se le bautizó como el luteranismo. Proponía la libre interpretación del deporte. Difería con algunos de sus jugadores sobre el culto a las imágenes. En la banca, Karl Marx. Entendía el juego, como una lucha ente dos posturas: romanticismo y el pragmátismo. Ingresó por Nietzsche. No fue la solución.

Los árbitros eran: Confucio, como juez principal, y San Agustín y Santo Tomás de Aquino, como los líneas. Lamentablemente, mostraron cierta tendencia a favor de los griegos. En la tribuna corría el rumor de que comulgaban con sus ideas “futboleras”. Medían el tiempo con un reloj de arena.

Un campeón siempre es consecuencia de un buen grupo, y Grecia lo fue. Arquímedes concibió la forma, Sócrates la esencia y Heráclito juntó ambas ideas en una gran cosa: el fútbol.

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