Libros van, libros vienen

“Las puertas abiertas de esta casa dan acceso a la cultura de todos los tiempos”, Biblioteca Nacional del Perú.

Una biblioteca es mucho más que un lugar donde solo se guardan libros. En ella está el espíritu de un hogar, la tradición de una ciudad y la memoria de una nación. Desde poseer un solo libro, hasta el más completo compendio, un buen hogar no puede estar bien constituido sin un libro irradiando conocimiento.

Sin embargo, la historia de la Biblioteca Nacional del Perú es una colección de tragedias y esfuerzos de ilustres peruanos incansables en su voluntad de mantenerla viva. Hoy cumple 189 años de fundación, en medio de robos y saqueos, pero con el espíritu de continuar siendo el baluarte de la civilización peruana.

Decreto de fundación de la Biblioteca Nacional (28 de agosto de 1821)

Un mes después de proclamada la Independencia del Perú, José de San Martín expidió el 28 de agosto de 1821 el Decreto de Creación de la Biblioteca Nacional; gracias a una iniciativa de Bernando de Monteagudo, su ministro de Guerra y de Gobierno. «Se establecerá una Biblioteca Nacional en esta capital para el uso de todas las personas que gusten concurrir a ella», indicaba ese documento que creaba una institución al servicio de la nueva nación. Así mismo la definió como «una de las obras emprendidas que prometen más ventajas a la causa americana» porque se le destinaba «a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia (…)  uno de los medios más eficaces para poner en circulación los valores intelectuales“. Para demostrar su compromiso con la causa, San Martín donó cerca de 700 libros a la biblioteca, en tanto que Monteagudo su biblioteca personal.

Aunque durante esos años los esfuerzos estuvieron avocados a concretar la total independencia de la Corona Española y sentar las bases de la naciente República, la Biblioteca constituyó una de las principales tareas de la clase política. Se nombró a Mariano José de Arce, prócer de la independencia, clérigo arequipeño y brillante orador del Congreso Constituyente, como primer bibliotecario en febrero de 1822. Luego se promulgó el Reglamento que regiría a la Biblioteca -el 31 de agosto de ese mismo año- a la par de que se conseguían los primeros libros que enriquezcan esta institución. Gran parte de esos primeros libros pertenecieron a las bibliotecas de las comunidades religiosas y provenían, principalmente, de las confiscaciones que hizo el Virreinato a la orden de los jesuitas; donativos de Bernardo Monteagudo, Hipólito Unanue,  José de San Martín y de la biblioteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es así que con 11 256 volúmenes se inauguró la Biblioteca el 17 de setiembre de 1822.

(Según Manuel Burga, con relación a San Marcos en realidad se trató de despojos -como el traspaso de su local de estudios al naciente Congreso y esta donación de libros-. Citando un documento de los Anales Universitarios del Perú publicado en 1862, Burga transcribe: “La Casa de la Universidad es tomada para las sesiones del Congreso… La primera vez que se pronunció por el Delegado Supremo la palabra Universidad fue para despojarla de su casa, sin concederle indemnización alguna, ni asignarle siquiera un canon o pensión conductiva. Este acto pudo ser disculpable en los primeros días de la Independencia, cuando no había otro pensamiento que el de libertar al país de la dominación española; pero haber dejado transcurrir cuarenta años sin pagar alquileres por ella y sin atender los reclamos de la Universidad es una cosa que hace poco honor a la rectitud de nuestros legisladores(…) También fue privada de su biblioteca particular y traspasados sus libros a la pública en setiembre de 1822”. San Marcos no fue escuchado y más bien su biblioteca pasó a formar parte de la futura Biblioteca Nacional, sentencia Burga en una columna publicada por el diario La República).

Primer local de la Biblioteca Nacional

El primer local de la Biblioteca fue el que había ocupado hasta 1767 la «Casa de Estudios» de los jesuitas en la cuadra cuatro de la avenida Abancay -desde hace unos años, con el traspaso de la Biblioteca a su nueva sede en San Borja, este local fue convertido en  la Biblioteca Pública de Lima-. Cuando fueron expulsados los jesuitas, la Biblioteca de la Orden y el local pasaron a formar parte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El principal antecedente de la Biblioteca se remonta a 1568, cuando la Orden Jesuita funda el Colegio Máximo de San Pablo y establece la existencia de una Biblioteca de la Orden. Gracias a estos esfuerzos se permitió el arribo al colegio -en 1584-  del turinés Antonio Ricardo y su imprenta; con ello se logró imprimir el primer libro de la América Meridional: Doctrina Christiana, y catecismo para instrvcción de Indios, y de las de mas personas, que han de ser enseñadas en nuestra Santa Fé…

Sin embargo, al igual que de buenas voluntades, la Biblioteca ha enfrentado duros acontecimientos a lo largo de su historia. Su primera tragedia sucedió durante las luchas emancipadoras contra las fuerza realistas en la que fue saqueada dos veces -entre 1823 y 1824-.

Con la llegada de Simón Bolívar y la expulsión total de las fuerzas realistas se ordena su reorganización. Ya en 1822 se había ordenado remitir a la Biblioteca todos los ejemplares que se impriman en suelo patrio y en 1830 se dispuso un presupuesto destinado a la adquisición de libros. En 1866 el local había crecido, así como el número de libros -29 530 volúmenes y 470 manuscritos-.

Placa en la Av. Abancay

Lamentablemente la Biblioteca, como otras instituciones públicas, fue víctima de saqueos durante la Guerra del Pacífico (1879-1883).  El 10 de marzo de 1881, luego de entrar y ocupar Lima, las tropas  chilenas usaron los ambientes de la Biblioteca para caballeriza e incautaron los bienes científicos y culturales para llevarlos a Chile. Por esos años la Biblioteca contaba con cerca de unos 50 mil libros. Finalizada la guerra, a fines de noviembre de 1883 se nombró a Ricardo Palma como encargado de la reconstrucción. A los pocos días, Palma informaba: «Biblioteca no existe; pues de los cincuenta seis mil volúmenes que ella contuvo sólo he encontrado setecientos treinta y ocho…». Se perdieron ediciones inéditas de la Biblia, clásicos griegos y latinos, incunables europeos, ediciones plantinianas, elzeverianas, manuscritos notables, entre ellos procesos de la Inquisición, Memorias de Virreyes, documentos sobre la Compañía de Jesús, entre otros.

El “Bibliotecario mendigo”, como se le conoció a Ricardo Palma, supo aprovechar sus relaciones con intelectuales de América y España y logró recibir importantes donaciones que ayudaron rápidamente a reconstruir la Biblioteca. Ya en 1884 obtiene 27 824 libros, cifra que incrementa en 1900 a más de 34 750.  Luego de entregar 29 años de su vida a reconstruir la Biblioteca, Palma renuncia a la dirección y lo reemplazan otros importantes intelectuales peruanos como Manuel González Prada, Alejandro O. Deustua y Carlos A. Romero Martínez.

Continúan las investigaciones (Fuente: El Otorongo)

Como si no fuera suficiente, otro hecho trágico perjudicó enormemente a la Biblioteca. El 10 de mayo de 1943 un incendio la destruyó casi en su totalidad. Esta vez para su nueva reconstrucción, el gobierno de Manuel Prado nombró al historiador tacneño Jorge Basadre; quien además de reorganizarla creó la Escuela de Bibliotecarios en 1944 -para formar a los futuros responsables de la gestión bibliotecaria en el Perú-.

Un hito en la historia  fue la devolución de 3 788 libros por parte del gobierno chileno. El 6 de noviembre de 2007, a través de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile, se entregó parte de lo sustraído durante la Guerra del Pacífico. Aunque falta una parte importante de lo robado, con esta devolución se repatrió obras de gran valor.

En tiempos en los que no existía Google Books o Wikipedia, la Biblioteca Nacional era el único instrumento de instrucción en el Perú. Hoy, reducida por los robos y saqueos, se hace necesario sumar voluntades, principalmente de las autoridades de Educación y Cultura, para reconstruir, una vez más, esta indispensable institución de la democracia peruana.

Reportaje de Panorama sobre el robo de libros durante la Guerra del Guano (segunda parte aquí):

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