¡Te advierto!

Durante el primer bimestre del año, Ollanta Humala ha gozado de considerable aprobación presidencial pese a la tensa situación en el interior del país. Aunque se está agravando la conflictividad social, se incrementó la inseguridad ciudadana y aumentaron los escándalos relacionados a sus familiares, Humala alcanzó su octavo mes con una aprobación superior a la mitad de la población encuestada. Pregunta: ¿qué aprueban los encuestados?

Sin duda, algunos logros alcanzados durante su gestión como la captura del camarada Artemio –mérito mayoritario de la Polícía– o la promulgación de algunos decretos como la Ley de Consulta Previa o el llamado “salvavidas” al fútbol profesional, han ayudado a este respaldo presidencial. Asimismo, influyeron las políticas asumidas tras la crisis carcelaria desatada por el caso Chapapalca, las nuevas medidas-promesas para reconstruir Ica, las mediáticas sesiones del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, presidido justamente por Ollanta, o el inicio de algunos programas sociales –la mayoría sin mayor planeamiento–, así como –por qué no– el respaldo a la devolución del dinero de los aportantes del Fonavi; entre otras medidas, que han sumado puntos al sonado respaldo.

Artemio capturado. Ollanta para la foto.

Logros que se han contrarrestado, pero no en demasía, con escándalos como los privilegios carcelarios de su hermano Antauro –y laborales de sus cuñadas– y que han repercutido en un descenso de seis puntos en su aprobación, de 59 a 53%, según Ipsos.

Popularidad aún elevada, pese a que, según cifras de la Defensoría del Pueblo, durante el presente gobierno, los conflictos sociales aumentaron en lugar de disminuir, como se prometió en la campaña. Hoy tenemos 229 conflictos; 15 más que hace siete meses, cuando Ollanta asumió la presidencia.

Conflictos generados sobre todo por temas ambientales, como el proyecto minero Conga, en Cajamarca, la convulsión en Madre de Dios por la minería informal, el posible reinicio de las operaciones de Doe Run, en La Oroya, entre otros; cuyas consecuencias ya han generado muertos aunque, como algunas encuestadoras de opinión reflejan, aún no han repercutido en la aceptación presidencial.

Protestas en Madre de Dios dejaron 3 muertos y 30 heridos. Foto: EFE.

Además, consideremos que, víctimas de sus irresponsabilidades, los últimos gobernantes pagaron muy caro sus impulsos. Zaraí, con Toledo; Federico Dantón, con Alan. Acorralados por los lazos sanguíneos y la compleja trama que ello supone. Y es que, en el Perú, las cuestiones familiares constituyen una frontera imperceptible.

Los hermanísimos

Francisco, hermano de Fernando Belaunde Terry, se hizo de una curul en la hoy extinta Cámara de Diputados –de la que llegó a ser presidente–, gracias, en parte, a la Presidencia de su hermano en 1980. Años después, Rosa y Juana, hermanas de Alberto Fujimori, salieron a la luz cuando Susana Higuchi, por entonces esposa del expresidente, las denunció de apropiarse y hacer negocios con ropa donada de Japón. La Justicia peruana aún las busca por enriquecimiento ilícito.

Los hermanos Toledo. Uno: Pedro trató de conseguir una concesión para telefonía aprovechando su relación familiar con el Presidente. Dos: Luis buscó hacerse de terrenos públicos. Tres: Margarita estuvo involucrada en el caso de las firmas falsas. Panaca Real. Y en la actualidad Alexis, Antauro y Ulises, no son menos que un problema para Ollanta.

Simple matemática: no es costumbre en el Perú que los mandatarios gocen de alta popularidad. Por ello, ¡te advierto, Ollanta!, sin políticas precisas y, sobre todo, destinadas a solucionar los verdaderos problemas, como la inseguridad ciudadana o los focos de alta tensión popular podrías, en el mediano plazo, seguir disminuyendo esta todavía considerable popularidad. Estáis advertido.

Anuncios