Por teléfono no: chuponeo en el Perú

La noche del 5 de octubre de 2008, un programa dominical presentó varias conversaciones telefónicas grabadas que reflejaban no solo la forma cómo se negociaban las inversiones en el Perú, también delataba la continuación de interceptaciones telefónicas propias de décadas pasadas. Sí; el chuponeo también tiene historia.

Interceptaciones que comenzaron, según versión de Vladimiro Montesinos, en 1973, luego del golpe de estado de Juan Velasco Alvarado. Entonces, para legalizar dicha práctica, el 04 de noviembre de 1970 se constituyó el Sistema de Inteligencia Nacional (SINA); sobre la base del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) creado en 1960.

Disolver. Nefasta medida que marcó el inicio del autoritarismo y la corrupción

Prácticas que continuaron luego del, también, autogolpe de Alberto Fujimori. Cerrado el Congreso, el Poder Judicial y otras instituciones del Estado, “chuponear” fue para Fujimori un arma de seguridad ya que, según cuentan las personas que visitaban constantemente Palacio, el expresidente no confiaba en nadie. Por ello, en julio de 1992 expidió el Decreto Ley N° 25635 para reestructurar el Servicio de Inteligencia Nacional y darle rango ministerial –aumentar su presupuesto y clasificar de secreto todos sus documentos–. Además, lo colocó bajo el mando exclusivo de Montesinos, hombre de confianza y experto en estas “artes”. Para el año 2000 ya había 29 centros de escucha en Lima con capacidad de interceptar más de 600 líneas al mismo tiempo.

Según Montesinos, fuente valiosísima, cada mañana Fujimori recibía un briefing de las principales interceptaciones realizadas el día anterior. Si alguno le parecía relevante, pedía la versión completa y la analizaba. Años después, durante las investigaciones de la Fiscalía sobre estos delitos, se demostró que el ex mandatario tenía pleno conocimiento de las interceptaciones. Toda una maquinaría que se instaló en Palacio y que contó con normas legales de protección. Tarea, aún, por investigar.

Parte del equipo que usaba el SIN para “chuponear”. Foto: Caretas

Instaurado el gobierno de Valentín Paniagua, la tarea principal fue desmontar el aparato persecutorio de espionaje. Por ello, en noviembre de 2000 se desactivó el SIN, mediante la Ley N° 27351. Con Alejandro Toledo, poco se hizo por ordenar el sistema. Salvo, hacia el final de su mandato se publica la Ley N° 28664, Ley del Sistema de Inteligencia Nacional y de la Dirección Nacional de Inteligencia, DINI; órgano que agrupa las instituciones del Estado que realizan inteligencia y medidas de contrainteligencia.

Luego, durante el segundo mandato de Alan García, diversos sectores apuntaron a su primer vicepresidente Luis Giamprieti como el principal interesado en utilizar los aparatos de inteligencia, pero al servicio de su agenda particular.

Últimamente, con motivo de las elecciones presidenciales se acusó a la Dirandro de interceptar teléfonos del entonces candidato de oposición Ollanta Humala. Hecho que, según las fuentes de inteligencia que denunciaron estos operativos ilegales, se hizo para tratar de relacionar a Humala con Hugo Chávez y obtener información sobre el caso Madre Mía.

Cuando cayó Montesinos un grupo de gente especializada en interceptaciones, en especial oficiales retirados de las Fuerzas Armadas y, sobre todo, de la Marina, quedó libre y dispuesto a ofrecer sus servicios al mejor postor. Con los conocimientos y la tecnología buscaron trabajar para políticos y empresarios y darles información que les ayudara a tener poder. Por ello, empresas como BTR consiguieron fácilmente estructurarse y delinquir debido a la deficiente reforma que se hizo de los servicios de inteligencia del país. Y, en muchos casos, por el mal uso que se hace de estos.

Por teléfono no, una salsa del grupo cubano Dan Den. Lección aprendida.

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