Cuando el crimen se organiza

Cada vez son más los crímenes y atentados que se comenten en Latinoamérica por acción de agrupaciones narcoterroristas. Grupos criminales organizados que, vinculados con el tráfico de droga, se van apoderando de regiones de este continente. México, Colombia –y cada vez más el Perú– son algunos ejemplos.

Preocupante situación que tiene en México su máxima expresión. La guerra entre y contra los cárteles de la droga ha dejado alrededor de 50 mil muertos en todo el país desde que en el 2006 llegara al poder el presidente Felipe Calderón. Por ello, en el país azteca no es extraño que cada semana aparezcan cuerpos decapitados en lugares públicos, como en las últimas semanas se encontraron en el estado de Nuevo León.

Crudo. Hace unas semanas fueron encontrados 9 cuerpos torturados colgados de un puente en Nuevo León. Horas más tarde, y cerca a este lugar, aparecieron 14 cuerpos mutilados.

Aunque las autoridades mexicanas indiquen que el 90% de las víctimas están relacionadas con el crimen organizado, una y otra vez se demuestra que cada vez más mueren personas inocentes. México está dejando de ser “lindo y querido” para convertirse en un narcoestado, con zonas liberadas y donde la situación está escapando del control de las autoridades.

Ahora, Colombia. La semana pasada Fernando Londoño, ex ministro del Interior de ese país durante el finalizado gobierno de Álvaro Uribe, fue una víctima más de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) producto de un atentado que casi acaba con su vida.

“Tengo el corazón roto”, mencionó en su programa de radio, La hora de la verdad, luego de enterarse de la muerte de 2 personas que dejó el ataque;  hecho que se explica porque Londoño fue un acérrimo crítico de las acciones de las FARC durante sus años en el poder y, ahora, como periodista.

En el Perú no es un secreto que semana a semana crece el número de emboscadas narcoterroristas contra deficientemente equipados soldados. Derramada la leche, reaccionan las autoridades. Ahora, como ayer, parece que la solución pasa por cambiar las cabezas. Estrenados los nuevos ministros y los líderes de las FF.AA. y del Comando Conjunto, cae la pregunta, ¿qué proponen?

En las últimas décadas la violencia ha aumentado en gran parte de Latinoamérica, especialmente en aquellos países productores de cocaína y en los que el crimen se organiza ante la pasividad de las autoridades. En México, por ejemplo, los periodistas, la profesión más peligrosa en ese país, han bautizado algunos lugares como “epicentros del terror” a las zonas en las que no gobierna la autoridad, sino el grupo más armado.

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