Primera aproximación a Manuel González Prada

Jorge Basadre, en su obra Perú: posibilidad y problema, calificaba al estudio de Ventura García Calderón sobre Manuel González Prada de “disímil o agnóstico”. Y es que para el escritor de la Generación del 900, Don Manuel fue “un Luzbel criollo, furibundo y desaforado… de obra caótica y rutilante”.

Jorge Basadre, ilustre historiador.

Por el contrario, para Basadre el estudio de José Carlos Mariátegui, sobre Don Manuel es desde un punto de vista cercano. Ello porque para el Amauta, Prada es “mucho más peruano que todos y el primer instante lúcido de la conciencia peruana”.

Cada autor obedece a su época; y con ello a sus ideas. A su forma de entender y tratar de cambiar el mundo. Por ejemplo, para González Prada el problema del indio no es de raza, sino económico. Para Mariátegui, es el problema de la tierra.

“Toda actividad literaria, consciente o inconscientemente refleja un sentimiento y un interés políticos. La literatura no es independiente de las demás categorías de la historia”, argumentaba González Prada.

Para más evidencia de las distantes mentalidades de los autores en cuestión, explicaba Mariátegui, en su libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana: “García Calderón divulgaba un positivismo conservador. González Prada enseña un positivismo revolucionario”. Ahí las diferencias de sus posiciones, algunas veces antagónicas, otras compatibles.

El Amauta José Carlos Mariátegui

Empero, coinciden en ciertos aspectos, Mariátegui y García Calderón sobre Manuel González Prada, cuando aluden sobre su falta de legado: para el Amauta, político; para el arielista, de “brújula mental”.

Escribía Mariátegui: “González Prada no legó un programa a la generación que debía venir después” porque, sigue el Amauta, Prada fue más literato que político. Explicó que en las obras de González Prada no hay una doctrina, ni un programa por su temperamento netamente literario. “Frases de un acusador, no de un realizador”.

Sin embargo, para otros autores esta justificación no bastaba. Luis Alberto Sánchez (LAS) criticaría siempre de González Prada su impersistencia política. LAS diría alguna vez sobre Don Manuel: “el abandono a su recién nacido partido (Unión Nacional), carece de justificativo: la vida pública es más exigente que la privada”.

Ventura García Calderón, en su escrito Generación sin maestros, lo acusaría, por su lado, de no haber sido el Virgilio ni el Sócrates de su generación. “Nada nos enseñaron los hermanos mayores. Pobre generación sin maestros, generación solitaria”. Protesta que alcanzó por igual a Ricardo Palma y José Santos Chocano. “Cuando nuestra generación buscaba a un maestro de la vida, sólo había encontrado a un bibliotecario”. Tanto Ricardo Palma como Manuel González Prada fueron bibliotecarios.

El arielista Ventura García Calderón. Escritor de la Generación del 900.

Sin embargo es más severo en su crítica cuando acusa a González Prada de no tener fe, ni mucha esperanza en los destinos del Perú. “Mal conoció el Perú, las posibilidades infinitas del Perú, quien sólo supo denigrarlo”.

Conviene en esta parte, entonces, incluir algunos párrafos esperanzadores que Don Manuel escribiera con motivo de recordar al Caballero de los Mares Miguel Grau: “La guerra, con todos sus males, nos hizo el bien de probar que todavía sabemos engendrar hombres de temple viril. Alentémonos, pues: la rosa no florece en el pantano; y el pueblo en que nacen un Grau y un Bolognesi no está ni muerto ni completamente degenerado”. No todo estaba perdido para Don Manuel.

Así también lo entiende Mariátegui quien encontró en la prosa de González Prada el “germen del nuevo espíritu nacional”. Para el Amauta, “no es la letra sino el espíritu lo que en Prada representa su valor duradero. Los falsos gonzález-pradistas repiten la letra, los verdaderos repiten el espíritu”.

Sin embargo, señala el autor de “La venganza del cóndor” en otra parte de su escrito “los antagonismos vitalicios de Prada, su desorden mental… Desmentía en verso todo lo que había afirmado en prosa”. A lo que conviene advertir, gracias a Basadre, que Prada era un apóstata con un fondo de snob. Según el historiador: “Prada es una de las señales del tránsito operado en la vida peruana desde el aristocratismo hacia la burguesía. Un burgués rebelde en sus lecturas, obras, ideas; en lo demás un burgués no rebelde. El pensamiento burgués en crisis”.

Luis Alberto Sánchez, pensador en toda su magnitud.

Los argumentos de Basadre se direccionan, igualmente, a explicar el “resentimiento” de González Prada. Para él, su resentimiento es una reacción. García Calderón se preguntaba: “¿qué desengaño total le sobrevino a González Prada cuando otoñaba?” Y en otros escritos refiere: “Nadie ha aborrecido más a su propia gente. Con páginas de Prada puede escribirse el peor libelo contra su patria”.

La literatura de González Prada es obra de protesta y condena, para algunos. Para Mariátegui de ruptura y transición. Para Luis Alberto Sánchez, el vocero de la nueva generación. Prosa de sanción que se inició con la Guerra del Pacífico. Sanción contra los responsables del atraso nacional y la derrota del 79, como señala en sus Pájinas Libres. Prada se enfrenta en sus obras, como refiere, contra los intereses de los que condujeron al desastre nacional. Viejos contra jóvenes. “En la guerra con Chile, no solo derramamos la sangre, exhibimos la lepra”, Prada.

Como los grandes hombres de la humanidad, Prada despierta críticas, admiraciones y diatribas. “Un artista que nunca estuvo satisfecho” se retracta Ventura. Un “hombre de preguntas y de problemas” manifiesta Basadre. Un insatisfecho que “también quería lograr la emancipación por medio del lenguaje” decía Luis Alberto Sánchez.

Si Don Manuel se levantara hoy del sepulcro nos diría –como escribió sobre Grau–…: todos adivinamos ya qué deberes hemos de cumplir, adónde tenemos que dirigirnos mañana. “González Prada es espíritu”, Mariátegui.

Audio de Luis Alberto Sánchez sobre Don Manuel (23/07/1979). “Don Manuel representa lo más excitante y estimulante del Perú… Fue un hombre de una gran honestidad mental, de gran sensibilidad… la Ética y Estética fueron sus dos grandes legados”.

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