“César Lévano nunca hizo periodismo de empresas”

Desde que Don Edmundo Dante Lévano La Rosa (1926), en sus años de infante, comenzó a leer los versos de César Vallejo adoptó el nombre de César, en homenaje al poeta y como fuente de inspiración para sus futuros escritos. Con el paso de los años, ese seudónimo le valió para firmar sus textos críticos de las dictaduras que gobernaron en el Perú y para resguardarse de las persecuciones que le significó ser contrario a la línea del poder político y económico.

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Sus mejores consejeros, los libros.

Así, en momentos de persecución política contra luchadores sociales, como en la dictadura del general Manuel A. Odría (1948-1956) y de su ministro Esparza Zañartu, usar seudónimos le sirvió para distraer a los militares, como sucedió en una memorable ocasión, cuando se buscaba a un tal César Lévano, a quien se debía apresar, empero se fracasó en la empresa ya que solo encontraron a un familiar de este: un tal Edmundo.

– “Bueno, busquen a César porque yo soy Edmundo Lévano respondió a sus captores. Miren: ahí están mis documentos”, respondió a sus captores, según recuerdan sus exalumnos sanmarquinos.

Habilidades que rememoran amigos, alumnos, compañeros y lectores de uno de los mayores intelectuales peruanos del siglo XX, tras los homenajes que, desde la academia (como los realizados por la Universidad Nacional del Centro, la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, su casa), en estas últimas semanas, nos recordaron lo mucho que tenemos por aprender de este profesional y lo frágil que es la defensa de periodistas que, desde su pluma, enfrentan al poder.

Los seudónimos, sin embargo, también le jugaron malos momentos. En una ocasión, cuentan otros exalumnos, llegó ofuscado a una de sus clases en San Marcos: no pudo cobrar un cheque en el banco, ya que estaba dirigido a César Lévano y en su libreta era Edmundo.

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Junto a su eterna acompañante, Natalia.

A lo largo de su trayectoria, Don César Lévano supo ganarse, como pocos, el reconocimiento de amigos, rivales e indiferentes. Escribir en unos párrafos quién es César Lévano es una tarea arriesgada, que para algunos amigos y excompañeros se podría intentar al decir que es “un periodista que se hizo respetar por sus principios y que mantuvo siempre un pensamiento claro”, según afirma Justiniano, a quien se conoce, en las viejas redacciones de Lima, como “Don Chelo”. Él trabajó como diagramador en diversos periódicos en los que escribía Don César.

– “Trabajé con el gran Lévano en los años 70. Siempre fue un periodista que se hacía respetar. Nunca le pasó la mano a ningún gobierno de turno y ese aspecto siempre le alabé. Sin embargo, eso, obviamente, le trajo muchos problemas como la marginación de la sociedad y su enfrentamiento con el poder. Como pocos, él nunca ejerció el periodismo de empresas que hoy dirige la línea informativa de los periódicos”, me comentó Don Chelo, la tarde que dejó, por unos momentos, su labor en el diario Expreso.

La biografía de César Lévano está ligada a la lucha política y al periodismo “comprometido”, refiere Juan Gargurevich. Durante el régimen de Odría (1948-1956) fue encarcelado dos veces y en la segunda parte del Gobierno Militar (1968-1980), cuando estaba al mando el general Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), fue recluido una vez más. Momentos en los que, no obstante, aprendió a perfeccionar sus conocimientos en idiomas y leer a  escritores clásicos, peruanos y universales.

Cuando el Perú retornó a la democracia, en 1980, los peligros para los periodistas independientes surgieron de otros lados: esta vez desde el dogmatismo de los grupos terroristas. Se trata de una etapa sombría en la que las interrupciones de sus clases en San Marcos, las amenazas y los hostigamientos públicos, por su libertad de pensamiento, fueron constantes.

– “Algunas clases las teníamos que hacer en la plaza San Martín, en su casa o en las redacciones donde trabajaba, porque venían los de Sendero e interrumpían con sus vivas o cortaban la luz”, recuerda Maribel Huayhuas, exestudiante de Lévano.

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En su casa del Centro de Lima.

La lucha proletaria de César Lévano la heredó tanto de su abuelo, Manuel Caracciolo Lévano, como de su padre, Delfín Lévano: dos dirigentes anarquistas y sindicalistas. Tres generaciones que llevaron su vida en la solemnidad del trabajo y la honestidad.

Una estirpe que, además de líderes sociales y defensores de los grandes movimientos proletarios del siglo XX, también fue promotora cultural. De aquello, seguramente, le quedó a Don César la afición por la música popular. Décadas después, Don Chelo lo recuerda cantando en las reuniones o en las redacciones.

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Junto a Juan Gonzalo Rose.

“Era muy aficionado a la música porque, creo, en general a todos los de izquierda siempre les gusta: así divulgas o recuerdas tus momentos vividos y a tu pueblo. Él era aficionado, principalmente, de los huaynos. Cantaba y participaba. Eso era lo bueno del gran Lévano”, indica.

Una vena criolla y popular que le valió ser considerado un bohemio, pero de los buenos. Así, también, lo recuerdan los viejos vendedores de periódicos que se ubican alrededor de la Plaza de Armas de Lima. Ellos, como muchos otros trabajadores, compartieron momentos de criollismo con César Lévano, cuando trabajaba en la revista Caretas o era columnista de Expreso.

En general, todos coinciden en destacar loables virtudes del profesor universitario y amigo de varias generaciones de periodistas. “Siempre con su pluma defendió los derechos de los trabajadores y su negativa a que seamos explotados por la gente que tiene poder. Ya no lo veo, pero sigo siendo un lector asiduo de él”, apunta Don Chelo.

César Lévano La Rosa es profesor en San Marcos desde 1980 y, entre otras facetas, fue conductor radial y panelista del recordado espacio político Pulso. Etapa en la que conoció a Julio Estremadoyro Alegre, otro destacado periodista peruano, quien, como productor del programa, lo invitaba por sus comentarios críticos. Él recuerda a una persona recta, honrada, con pasión por sus principios y por la enseñanza.

– “Lévano es de una conducta admirable, que, aunque políticamente no podemos compartir, sí motiva la admiración”, destaca Estremadoyro.

Estas últimas semanas, desde diversas instituciones se realizaron justas distinciones que buscan resarcir la figura de César Lévano, tras los últimos atropellos (como el reflejado en la siguiente imagen) que recibió a pesar de su avanzada edad. Pero lúcido intelecto.

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Don César en citación del Poder Judicial.

*Fotos: Internet.

**Texto escrito para un curso de Periodismo, en San Marcos.

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