La gota que derramó el vaso

El primer sábado de cada mes de octubre se celebra el Día Interamericano del Agua, como medida para sensibilizar a la población sobre la importancia del agua en nuestras vidas. En el Perú es una tarea pendiente aprender a valorar un recurso escaso y no renovable del cual dependeremos siempre. Siempre.

Los incas, muy sabios en sus actividades, controlaban y administraban el agua mediante tecnologías que les garantizaban una buena disponibilidad del recurso y aseguraba su grandeza. Por ejemplo, se conoce que construyeron las ‘amunas’, una técnica que recolectaba agua de lluvia, la infiltraba en el subsuelo y la reservaba en puquios. Como las amunas, también tenían otras técnicas como los andenes y las represas altoandinas que les permitían contar con el agua necesaria para sus actividades productivas y maximizar su uso. ¿Hacemos lo mismo ahora?

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Pues sí, muchos de esos conocimientos perduran al paso de los siglos en nuestros Andes, pero no tienen aplicación en todas partes. Al contrario, por ejemplo según datos de Sedapal, en Lima el consumo promedio de agua es de 250 litros por habitante al día, cuando, el promedio en otros países, no supera los 150 litros, en las mismas mediciones. Entonces, ¿nos sobra el agua o el dinero?

Ninguno de los anteriores. En el Perú, de los casi 30 millones de habitantes, solo 18 millones 700 mil, en promedio, tienen agua potable proporcionada por una empresa de agua, que es supervisada y fiscalizada en cuanto a su calidad por la Sunass. El resto de habitantes, de los que sí reciben agua, son atendidos por pequeños operadores, que no tienen supervisión, ni vigilancia sanitaria.

No obstante, los retos están planteados. Al 2015, uno de los Ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio planteados por las Naciones Unidas (ONU), y firmado por los 191 países participantes, entre ellos el Perú, considera reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios de saneamiento. Objetivo y tarea de todos.

Somos un país privilegiado

El Perú, según cifras de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), tiene el 1.89% del agua dulce mundial, es decir, la que es apta para el consumo. Agua que no es renovable y nos permite, como en antaño, tener muchas variedades de plantas, cultivos, pero, ¿ello también involucra conciencia sobre su uso?

Ante ello, desde el año 1992, con el fin de sensibilizar a los habitantes de América se firmó la Declaración del Día Interamericano del Agua que, al siguiente año, celebró por primera vez esa fecha y, en adelante, se realiza anualmente todos los primeros sábados de octubre.

En nuestro país, conscientes de esta fecha, además de celebrar ese día, desde hace algunos años se realiza la Semana Nacional del Agua Potable. Una oportunidad en la que este año escolares de más de 100 colegios a nivel nacional se capacitan y convierten en agentes difusores, entre compañeros, familiares y vecinos, de la importancia por usar responsablemente el agua.

Jóvenes a la obra, viejos a la tumba, escribía Manuel González Prada, en el siglo XIX, sobre las verdaderas posibilidades y actores que posibiliten el desarrollo nacional. Así, con estos y otros programas, que apunten a educar a los jóvenes se garantizan esfuerzos por tener mejores ciudadanos que, en el futuro, trabajen por preservar nuestro recurso agotable más importante: el agua.

Lima es la segunda ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto, solo después de El Cairo. No obstante, Egipto es conocido como “el milagro del Nilo”, ya que su progreso se debe a las aguas de este río, que tiene un caudal promedio de 2,830 m3/s. En cambio, el Rímac tiene un caudal promedio de solamente 26.6 m3/s. Doble responsabilidad.

Aguas que no has de beber… (se va para no volver).

[Texto publicado en el diario Expreso en el suplemento ‘Estampas de la Semana’, el domingo 6 de octubre de 2013].

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