En octubre no hay milagros: Historia de la procesión del Señor de los Milagros

Este año, 2015, se cumplen 50 años de la publicación de la novela En octubre no hay milagros, de Oswaldo Reynoso, obra que cuenta historias paralelas, en el contexto de un día de procesión del Señor de los Milagros, en la que el autor, además de relatar sobre la nueva conformación social de Lima, escribe, desde su prosa poética, una aguda y crítica explicación sobre la devoción al “Ñorse Milagrero”, como llaman algunos de sus personajes al Cristo Moreno. En los siguientes párrafos, Reynoso desentraña una explicación, más allá de la novela, sobre el proceso de evangelización católica, la esclavitud y la lucha por conservar los privilegios de quienes tenían el poder durante el Virreinato.

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De En octubre no hay milagros, páginas 183 y 184 (editorial Universo, cuarta edición):

Y fueron los esclavos, sólo los esclavos negros, los que, desde sus inmundas cuadras, encontraron, en el Cristo pintado en un muro de Pachacamilla, la magia salvaje de sus antiguos dioses africanos. Este Cristo, pintado por alguna mano esclava en un miserable muro, era de ellos: qué diferente a los lujosos Cristos que sus amos veneraban en las iglesias de piedra tallada adornados con oro y plata; qué distinto a los Cristos vestidos de raso y seda que sus señores sacaban, entre flores, incienso y perfumes, a pasear por las calles de Lima. Mágico muro levantado con sangre que resistía la violencia igualadora de los terremotos.

Y mientras los chapetones, lujuriosos, se revolcaban, sucios, con hembras indianas; mientras, cortesanos, vestidos de seda, oro y encaje, al atardecer de brujas, se paseaban por La Alameda en ornados carruajes halados por árabes caballos relucientes; mientras la Colonia era un fruta amarga en las minas, en las reparticiones , y su jugo, apetitoso, dulce, se bebía, generoso, en Cuzco, en Huamanga, en Lima y en España; mientras la hispánica nobleza y la criolla burguesía no se cansaban de agradecer al Altísimo por el orden social y pedirle que lo haga eterno: los esclavos, en torno de su Cristo de Pachacamilla, fueron aprendiendo que ellos, también, eran humanos. Y en la sangre reseca de sus espaldas azotadas, en el insólito sudor de sus cuerpos famélicos fue naciendo, como una cristalina semilla, el sentimiento de la solidaridad. En torno de ese muro se dieron cuenta que eran muchos: más que sus amos.

Llegado Octubre, juntos, frente a su Cristo africano, rezaban y sus quebradas voces se oían en todo Lima. Y cuando cantaban, fuerte, las sólidas paredes de piedra de las casonas de sus amos temblaban, rajándose. Entonces, nobles y criollos, asustados, desde las tímidas celosías de sus balcones de madera oscura, miraban al cielo y pedían, de rodillas, a su Cristo Rey la muerte inmediata de ese impostor del muro de Pachacamilla que tenía el poder de juntar y rebelar a todos los mugrientos esclavos de la suave, cortesana y leal ciudad de Lima.

Y el Cristo Rey envió, con bendiciones papales, desde la Metrópoli, al vejete Amat. Y mientras garabateaba un delicado verso a la rosa no sentida y, como perro histérico y baboso, perseguía, oliendo, por alamedas y por puentes y por teatros y por salones, el rabo de la grandísima puta Perricholi, robó a los esclavos el peligroso Cristo africano que mostraba el paraíso en la tierra y lo cambió por el Cristo Rey que enseñaba a humildad, bendecía la esclavitud y prometía un paraíso para la otra vida. Y en Octubre, cuando los esclavos llegaron al muro de Pachacamilla, encontraron al poderoso vejete de rodillas, junto a un descomunal obispo, rezando a un Cristo Rey, ajeno que ya no era de ellos.

Y hasta una beata, con oscuros parentescos nobles, de nombre Santa María Lucía, afirmó que el Señor de Pachacamilla se le había aparecido en sueños y que le dijo que todos los fieles deberían tener hábito morado. Entonces, nobles, criollos y esclavos pusieron sobre sus hombres un hábito morado y se sintieron iguales ante el Cristo Rey. Y desde 1760 amos y esclavos, señores y pueblo, señoritos y plebe, en octubre, son iguales por la magia celestina de un simple hábito morado.

[Cuarta edición, junio 1973].

Bonus: El recorrido literario que organizó la Casa de la Literatura a la obra de Reynoso en Lima.

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