César Vallejo es docente en el colegio Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe, el colegio limeño que cumplió 175 años de gloriosa y patriótica historia, ha tenido a verdaderas personalidades entre sus exalumnos, docentes y directivos. Algunos de sus exprofesores, por ejemplo, fueron Augusto Salazar Bondy, Javier Heraud o César Vallejo y es, justamente, sobre el paso del poeta trujillano, fugaz (de setiembre de 1919 a marzo de 1923) y accidentado (algunas fuentes refieren que fue víctima de discriminación), sobre el que escribió Rosa Sedó, nieta de Severino Sedó*, quien fuera profesor de música durante el paso de Vallejo por el viejo colegio. Las siguientes líneas fueron tomadas del libro Colegio Guadalupe, la historia…, cuya primera edición es de setiembre de 2012, y refieren a ese momento en el que el más célebre huamachuquino es docente del Primer Colegio Nacional de la República.

Texto:

Severino Sedó y César Vallejo, del libro Colegio Guadalupe, la historia… (páginas 333 y 334):

Luego de ejercer la docencia y otros trabajos en Trujillo para poder sobrevivir, César Vallejo se traslada a Lima en 1917 y dos años después (1919) logra una plaza en el Colegio de Guadalupe para enseñar Gramática. Por su aspecto físico delgado y huesudo, su procedencia andina y su inocultable timidez, Vallejo era visto con desconfianza y recelo por algunos profesores, y además afrontaba duras carencias materiales.

12. César Vallejo - Severino Sedó

Vallejo y Sedó. Imagen vía Colegio Guadalupe, la historia…

En una ocasión, a la hora del almuerzo Vallejo se quedó sentado en uno de los patios como recordando el verso de uno de sus poemas escritos en Trujillo: “¿Un simple pan no habrá ahora para mí?”. En eso apareció el profesor de música Severino Sedó y le preguntó: ¿Amigo, usted no va a almorzar? El poeta respondió que “estaba tomando sol”. No dijo más para no sentirse humillado. Sedó, cuyo corazón sabía interpretar decires y silencios, tomó del brazo a Vallejo y lo llevó a su casa de la avenida España, en donde le dio cálida y generosa acogida durante tres meses.

Este temporal desahogo espiritual y material, le dio tiempo a Vallejo para terminar su extraordinaria obra “Los heraldos negros”**. ¿Cómo le puedo pagar tanta generosidad para conmigo?, preguntó Vallejo a Sedó. El noble maestro de música le respondió: “Nada mi querido amigo. Usted es de esta casa”.

Entonces Vallejo extrajo de uno de sus bolsillos de su saco el primer número de “Los heraldo negros” para entregarle en señal de gratitud a Sedó. Sedó no aceptó el obsequio, pues le dijo que ello representaba el fruto de un duro y sacrificado trabajo y tenía un costo que había que honrar. De tantas idas y venidas, al final dijo que su libro costaba “un sol”. Sedó le pagó.

Pero Vallejo que sabía tanto de la vida como de la gratitud, no encontraba la manera de agradecer la generosa hospitalidad de la familia Sedó. Hasta que llegó el día buscado. Juan, el hijo mayor del maestro Severino, enfermó de tifoidea y como no había una persona que lo cuidara, Vallejo asumió ese papel ante la oposición de Sedó, quien era infaltable a su labor docente en Guadalupe.

Rosa Sedó Mendiola.

Pie de post:

* Según el mismo libro, Severino Sedó nació en Cataluña, en la ciudad de Reus, España, el 08 de enero de 1883. Fue seminarista, pero dejó los claustros conventuales por su creciente pasión: la música. Llega al Perú a comienzos de 1900. Como ya era talentoso pianista e intérprete de música sacra fue maestro de capilla de casi todas las iglesias de Lima. “A los 29 años, en 1912, ingresa como profesor de música al colegio Guadalupe, que pocos años antes había ocupado su nuevo local en la Alameda de la Circunvalación, rebautizada años después como Alfonso Ugarte”, refiere el libro.

Algunos datos adicionales de Severino Sedó cuentan que es en 1930 cuando, aproximadamente, escribe la letra y música de la Marcha Guadalupana:

“La pasión por la música lleva a este noble educador catalán a escribir la letra y música de los himnos y marchas de diferentes instituciones como el Colegio Nuestra Señora de la Merced, Inmaculada, la antigua Escuela de Educación Física de la Universidad Nacional de San Marcos, así como los himnos de la Sanidad del Ejército y del Marinero. Sedó también fue profesor en el colegio Leoncio Prado y uno de los maestros de la Orquesta Sinfónica Nacional. Enseñó en el colegio Guadalupe hasta 1950… A los 92 años, el 12 de julio de 1975, el maestro Sedó pasó a formar parte de la historia”, completa el libro Colegio Guadalupe, la historia…

** Sin embargo, algunas fuentes coinciden en que César Vallejo escribió dicha obra entre 1915 y 1918 (y fue publicada en julio de 1919) y no entre 1919 y años posteriores.

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