Carta de Mario Vargas Llosa tras la elección presidencial de 1990

¿Habría obtenido Mario Vargas Llosa el premio Nobel de Literatura 2010 si salía elegido presidente del Perú en 1990? Durante ese año, recordemos, MVLl disputó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales ante un desconocido Alberto Fujimori. Luego de no ser electo, escribió la siguiente carta, que publicó Caretas, el 25 de junio de 1990, a los militantes del Movimiento Libertad, grupo con el que postuló en aquellos comicios. Según la revista, la carta circuló “privadamente entre solo unas 50 personas” y al tener como fecha el 11 de junio, “el día siguiente de las elecciones… se supone que el candidato debe por lo menos haberla tenido pensada con anterioridad”.

La revista, en la introducción que presenta la misiva, se pregunta, acertadamente, “¿volverá el escritor a asumir un rol protagónico?”. El tiempo dio una respuesta que cada uno podrá responder. Cierto es que, en el texto, el escritor, si bien no descarta una futura participación –directa o indirecta– en la política, se da “un respiro” por volver a aquella fructífera y azarosa actividad que lo coronó mundialmente: la Literatura.

MVLL - carta

En la carta, MVLl invita, también, a decidir si el Movimiento Libertad será un partido político

La carta de MVLL: 

Lima, 11 de junio de 1990

Queridos amigos:

Ante todo, quiero agradecer a todos ustedes los esfuerzos desplegados en esta campaña en pos de una victoria para la gran transformación pacífica del Perú. No la obtuvimos, pero no fue por falta de empeño, convicción ni coraje. A ustedes y a todos los militantes de Libertad debo decirles que me siento conmovido por su entrega desinteresada a la tarea común y orgulloso del aporte del Movimiento al Frente Democrático.

De otro lado, quisiera compartir con ustedes algunas inquietudes y sugerencias sobre el futuro del Movimiento Libertad, a la luz de los resultados electorales.

El Movimiento, recordemos, fue creado como una organización de coyuntura, para canalizar el apoyo de los independientes al Frente Democrático. En la boleta de afiliación al Movimiento esto se señala de manera explícita, de manera que cabe deducir que, si no todos, por lo menos algunos de nuestros afiliados se consideran vinculados a Libertad de manera transitoria, como independientes que a través del Movimiento daban su respaldo al Frente Democrático.

Ahora bien, ¿qué va a ocurrir con el Frente luego de nuestro revés electoral? Mi impresión es que, aún cuando se mantenga una coordinación y colaboración en el Parlamento de las fuerzas que lo constituyeron, el Frente como tal se irá desajustando y que cada uno de sus miembros irá recobrando su autonomía y perfil propio. El Movimiento Libertad debería prepararse desde ahora para esta nueva etapa.

Dos son las opciones que tiene por delante.

La primera, disolverse, considerando que las circunstancias han dado por cumplida la tarea para la cual fue creado.

La segunda, convertirse en un partido político.

Es cierto que, en los hechos, el Movimiento Libertad ha venido, desde su fundación, evolucionando en el sentido de esta segunda opción, sobre todo desde que celebró su primer congreso nacional. Y no es aventurado suponer que la mayoría de sus varias decenas de miles de adherentes se inclinen por la permanencia de una organización en la que vienen trabajando con ahínco, que en esta campaña pasó su prueba de fuego y que tiene incluso, ya, sus mártires.

Pero no creo que esta decisión –la de disolver Libertad o convertirlo en un Movimiento permanente– pueda ser adoptada por este Comité, ni siquiera por el Pleno. Ella exige la celebración de un Congreso Nacional Extraordinario, en el que estén debidamente representadas todas las bases. Solo el máximo organismo del Movimiento puede tomar una decisión de tanta transcendencia y tener la seguridad de que en ella refleja efectivamente el pensamiento de la mayoría de nuestros militantes.

Mi recomendación a la Comisión Política sería, pues, la convocatoria a un Congreso Nacional Extraordinario, de aquí a unos seis u ocho meses. Propongo un periodo tan extendido de preparación de este Congreso, para tener la seguridad de que en él estén representadas de manera inequívoca las bases auténticas del Movimiento.

Este es un delicado asunto que tenemos la obligación de tratar con la mayor franqueza. Sin ser un partido político, el Movimiento Libertad ha contraído algunos de los vicios de las organizaciones políticas tradicionales, como es la existencia de capillas o cúpulas que en muchos departamentos –en la gran mayoría, me temo– controlan los comités y los dirigen de manera prepotente, además de ineficaz. Estas directivas, nacidas de unas elecciones que, pese a los esfuerzos, fueron muy poco representativas, han ahuyentado a mucha gente que en un principio estaba dispuesta a colaborar con Libertad, y desmoralizado y dividido a nuestros adherentes. Es evidente que con una organización tan deficiente y tan poco genuina no puede convocarse a un Congreso Nacional.

Es preciso, antes, una reorganización integral del Movimiento, que comience por depurar los registros de afiliados, llame a elecciones y verifique una participación significativa de los militantes en la elección de los nuevos comités. Solo cuando éstos se hayan renovado y purificado tendremos la garantía de que el Congreso Nacional será expresión fiel de lo que las bases quieren que sea la orientación del Movimiento Libertad en esta nueva etapa de su historia.

En lo que a mí concierne, no quiero ocultarles que mi propósito es dedicar más tiempo en el futuro a lo que ha sido siempre mi vida –la actividad intelectual y literaria– que a la militancia política. Desde luego que esto no significa, en modo alguno, apartarme del Movimiento Libertad ni renunciar a seguir trabajando desde sus filas por aquello que nos congregó y por lo que acabamos de librar en esta larga batalla: un país más justo y mejor, gracias a la libertad. Significa, más bien, que en el futuro mi esfuerzo principal se orientará hacia el quehacer ideológico y cultural en el que, aunque algo se ha avanzado –era imposible que ocurriera de otro modo por las exigencias políticas del momento–, queda todavía mucho por hacer. Y si algo han demostrado estas elecciones es que las ideas y los valores que son los nuestros –los únicos que pueden, de veras, sacar al Perú del subdesarrollo– necesitan ser enriquecidos y promovidos sin descanso entre los peruanos, porque el peso muerto de la vieja cultura política populista y conservadora, mezclada en extraño hibrido con los prejuicios estatistas y socializantes de una izquierda que se niega a cambiar, es todavía un obstáculo mayor para la modernización del Perú.

A todos ustedes, un abrazo fuerte con el agradecimiento y afecto de

Mario Vargas Llosa

Portadas Caretas

Portadas de Caretas de 1990, de esa ‘atípica’ elección

“Seguiré construyendo”

Entrevista a MVLl por “El País”, 19/06/90

¿Se acabó la política para Vargas Llosa?

Ha terminado una etapa. Mis compatriotas me han devuelto a la literatura. Sigo muy preocupado por mi país y continuaré trabajando como lo hacía antes de la campaña. Mi relación con mi país será muy normal, seguiré escribiendo y contribuyendo intelectualmente a su vida. Siempre pensé que mi vocación de escritor se interrumpía y que no se abandonaba. Al terminar la campaña, ya nadie espera de mí un liderazgo. Trabajaré de una manera más independiente. Creo que he recobrado mi libertad: me la han devuelto. Aunque pienso que nunca debo decir nunca más. Es demasiado eterno.

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