Universitario: un sueño sanmarquino y el gran Lolo (y su otro genio)

Pocos días después de que Universitario de Deportes cumpliera 67 años de fundación, en 1991, Caretas publicó un suplemento especial, que apareció el 19 de agosto de ese año, en el que se narra el “sueño sanmarquino” (la formación del equipo, los primeros hombres que ayudaron al rápido crecimiento del club, el triunfo en el primer clásico ante los ‘imbatibles’ íntimos de La Victoria y evoca, en el recuerdo de don Plácido Galindo, cómo creció y se consolidó la “garra crema”), el “hincha acérrimo” (la historia de quien podría ser el primer fanático que movió y organizó a la fervorosa barra), un especial sobre el “Gran Lolo” (sus goles electrizantes, sencillez, caballerosidad y la despedida tras 23 temporadas en su querido equipo) y “su otro genio” (tres jocosas e imperdibles anécdotas que grafican al “Cañonero”) y “cuando (se) arañó la Copa” Libertadores (el dilema del técnico Scarone: ¿titulares o suplentes para la final ante Independiente?). Para leerlo de principio a fin.

Lolo- portada

Fuente: Caretas.

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UN SUEÑO SANMARQUINO EN LOS AÑOS 20

Asoma como equipo de la Federación Universitaria. En 1928, al desligarse de la vieja Casona, toma el nombre de Universitario de Deportes.

La “U” nació bajo el signo de una estirpe especial. En las aulas de la añeja Casona de la Universidad de San Marcos se acunaron los primeros sueños de un grupo de muchachos que anhelaban llegar al fútbol grande. Fue un lejano 7 de agosto de 1924. Han pasado 67 años (el texto es de 1991, recordemos) y esas ambiciones se hicieron realidad con sabor a gloria. Con títulos. Con hazañas que lo hicieron cada vez más grande.

La etapa inicial fue con el nombre de Federación Universitaria. Luego, en 1928, pasó a ser Universitario de Deportes y a partir de ese momento el distintivo crema tomó una dimensión especial. Al año siguiente conquistaron su primer título oficial y se inician las cadenas de éxitos que lo han convertido en una de las instituciones de mayor arraigo en el alma del pueblo.

A partir de ese momento se inicia la historia de uno de los clubes de mayor arraigo en el Perú. La “U” y sus colores cremas, fue abriendo surcos con sus triunfos explosivos. Con sus cracks que siempre tuvieron como distintivo esa inmensa “garra” que es emblema de lucha.

En esos albores los nombres de José Rubio Rolando, como presidente, y sus seguidores: Fernando Arce, Adolfo Berger, Andrés Echevarría Maúrtua, Luis Gayoso, Rómulo Jordán, entre otros, le dieron la primera pauta de fuerza institucional.

Ese mismo año el cuadro estudiantil fue incitado por la Federación Peruana de Fútbol para participar en el campeonato Selección y Competencia. En ese verano figuraban elencos de la talla del Atlético Chalaco, Alianza Lima, Circolo Sportivo Italiano, Ciclista Lima, José Olaya y otros clubes de las ligas de Lima y Callao y de la Asociación Amateur.

En ese campeonato destacaron los nombres de sus jugadores que aparecieron en el gramado del viejo Estadio Nacional con sus uniformes cremas. Allí estaban Jorge Alba, Mario de las Casas, Carlos y Plácido Galindo, Eduardo Astengo, Sabroso, Alberto Denegri, Pablo Pacheco, Jorge Góngora, Zavala y Luis Souza Ferreyra, que formaron el primer cuadro que debutó el 4 de abril de 1928. El único jugador extraño, que fue aceptado como refuerzo, era Francisco Sabroso, que no perteneció a las aulas universitarias.

Equipo de 1929

En 1929, tras golear al Circolo por 7-0, gana su primer campeonato. Fuente: Caretas.

Ese elenco fue superando rivales en el certamen oficial. Hasta que llegó la tarde del 23 de setiembre. Las tribunas, repletas de hinchas, esperaban con ansias el encuentro entre los blanquitos de la “U” y los morenos de Alianza Lima. Los íntimos victorianos llevaban un cartel de imbatibles. Los cremas contaban con una excelente y rigurosa preparación física.

El partido, desde que comenzó, fue tenso. El árbitro uruguayo, Julio Borelli, controlaba las acciones con rigor. A los siete minutos de iniciado el cotejo una veloz escapada de Pablo Pacheco terminó en las redes del arco de Alianza. Por más que lucharon las huestes de “Manguera” Villanueva, no pudieron descontar ese tanto de ventaja. Casi al finalizar el tiempo reglamentario, un choque entre Astengo y Montellanos prendió la chispa de una gresca, que luego de generalizarse en la cancha, pasó a las tribunas. En las graderías los aficionados de los dos bandos se agarraron a golpes y bastonazos, que en ese entonces era parte de la indumentaria de gala dominguera. El juez Borelli dio por finalizado el cotejo con el primer triunfo de la “U” ante Alianza Lima.

El festejo crema fue grande. Los jugadores fueron llevados en hombros hasta el diario El Comercio y a la Plaza de Armas. Quién iba a pensar que después de ese resultado se establecería una rivalidad encarnizada entre los cremas y los albiazules. Y esa lucha, por ser el mejor, luego se tradujo en los tradicionales clásicos, que son parte de las páginas gloriosas del balompié nacional.

 

LA “GARRA” CREMA

En una tarde de evocaciones, conversando con don Plácido Galindo, nos contaba la forma como fue creciendo y consolidándose lo que llegó a ser la “garra crema”, que se ha ido transmitiendo de generación tras generación en la escuadra de la “U”.

– “Fíjese… esa garra que tanto asustaba a nuestros rivales nació precisamente en esos encuentros contra Alianza. Yo conocía cómo eran los victorianos, gente bohemia de muy buen fútbol, pero trasnochadora y que no cuidaba su estado físico. En cambio nosotros, como éramos estudiantes, nos preparábamos a fondo. Teníamos un trabajo matutino muy exigente. Nos levantábamos a las seis de la mañana. Desde nuestro local, de la calle Vargas Machuca, llegábamos al estadio dirigidos por Mario de las Casas, que era nuestro capitán. Por eso en cada partido, el gran estado atlético era nuestra mejor arma. Y muchos partidos que los íbamos perdiendo, al final por tener condición física, los convertíamos en un triunfo angustioso pero lleno de fervor, sencillamente porque teníamos mejor preparación… De esa manera nació el distintivo de la garra crema”.

Claro, que gran parte de esa mística la llevaban en sus venas jugadores que le dieron ese matiz especial. Ese es el caso del famoso trío central que integraron Galindo, “Tito” Denegri y Astengo.

En las olimpiadas de Berlín

En las Olimpiadas de Berlín jugó medio equipo “crema”. Bien elegantones, al lado del “Mago” Valdivieso aparecen Carlos Tovar, Arturo Fernández, Juan Criado y Lolo (con abrigo). Fuente: Caretas.

La galería de triunfos grandes se inicia en 1929. Ese año la “U” llegó por primera vez a ser campeón del fútbol peruano. Después de luchar con todos los cuadros de la división mayor cerraron su brillante campaña derrotando con una sonora goleada de 7 – 0 al Circolo Sportivo Italiano.

Los nombres de sus cracks han quedado en la vitrina de lujo del club estudiantil. En esa alineación figuraban: Jorge Alba, Mario de las Casas, Carlos Cilloníz, Alberto Denegri, Plácido Galindo, Eduardo Astengo, Andrés Rotta, Luis Souza Ferreyra, Pablo Pacheco, Carlos Galindo y Jorge Góngora que han dejado estampados sus nombres en las páginas de oro del club.

 

EL HINCHA ACÉRRIMO

A raíz de una goleada lo llamaban el negro “Ochoa”

Nadie como él se identificó tanto con la camiseta crema de Universitario de Deportes. Fue su hincha número uno, el abanderado principal que hacía vibrar a las tribunas adictas con el estruendo de su ensordecedora bocina que alguna vez prohibieron los dirigentes de la Asociación de Fútbol, y que él se ingenió para introducirla al Estadio Nacional, de “contrabando”, desarmada en partes: la batería por un lado, la bocina y los cables por otro.

Se llamaba Rubén Benavides Saavedra, pero desde el 16 de noviembre de 1954 las barras enemigas lo bautizaron como “Ochoa”. Antes había sido el “loco” Benavides, “Cocobolo” o, simplemente, “Cachimbo”, por su pelo cortado al rape y la boina vasca que le cubría la cabeza.

Fue a raíz de una tremenda goleada que le aplicó Portuguesa del Brasil a la “U”, al ganarle por un lapidario 8 a 1. A partir de esa noche, y hasta que murió (unos 20 años atrás), perdió el apellido y todos sus apelativos anteriores, y quedó para la historia como “Ochoa”.

Limeño de nacimiento, afincó desde muy pequeño en el populoso barrio de La Victoria. Y aunque todos en su familia eran hinchas del cuadro moreno, él, quizás por espíritu de contradicción, se convirtió en apasionado fanático de la “U”.

Hoy lo recordamos, a la distancia. Y los seguimos viendo subir las escaleras a la carrera, con su bocina a cuestas y su tremenda “U” en el pecho, para aglutinar a su fervorosa barra.

Su generoso corazón no pudo resistir tantas emociones. Y una tarde le falló, sorpresivamente. Su entierro fue multitudinario y como él habría querido siempre: con una gran bandera de Universitario cubriendo su negro ataúd. (Manuel Doria).

 

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El Gran Lolo

Fuente: Caretas.

EL GRAN LOLO

Debutó como puntero cuando todavía era colegial. Nadie lo ha superado.

Hay un hombre que sintetiza en sus hazañas la verdadera esencia de los cremas. Ese es Teodoro Fernández Meyzán, simplemente Lolo.

Llegó de Cañete en 1930 y alargó su exitosa carrera hasta 1953. Nunca dejó los colores de su club. Saboreó halagos, triunfos, títulos y la ferviente admiración de sus seguidores y jamás dejó de ser el mismo Lolo, cargado de sencillez y caballerosidad.

Con su presencia la “U” ganó gran parte de la legión de hinchas que fielmente siguen sus victorias y derrotas. En base a los goles sensacionales y electrizantes que marcaba Lolo, fueron creciendo esas tardes de gloria.

Nadie puede negarle a Lolo un lugar de privilegio en la historia de nuestro fútbol. Llegó a ser ídolo indiscutible. Y los mismos rivales lo admiraban.

Su figura engalanó tardes inolvidables en los campos donde actuó. Y su simpleza era tan singular, que luego de anotar sus magistrales conquistas bajaba la cabeza, como arrepentido de haber dejado mal parado al arquero rival. Así de increíble era el “Cañonero”.

Llegó como puntero cuando todavía era alumno del colegio Residencia de Estudiantes. Luego pasó a ser centro delantero con el número 9 en la espalda y sembró una incomparable historia. Debutó a lo grande, en un partido internacional ante Magallanes de Chile, y lo hizo anotando el gol del triunfo.

En 1934 cosechó su primer título con la casaquilla crema. En ese elenco también estaban su hermano Arturo, Jordán, Pachequito, Alegre, Arce, la “Cabrita” Félix Sayers, el golero Juan Criado, Alberto Denegri y el “Chueco” Tovar.

Pero los éxitos de Lolo no solamente han quedado impregnados en las páginas de su querido club, sino que también se prolongaron con la casaquilla nacional. Siempre con la misma entrega. Con la misma entereza. Derrochando pundonor y clase.

 

LA DESPEDIDA

Su despedida fue también gloriosa. Le dijo adiós a los campos de fútbol el 30 de agosto de 1953, cuando ya tenía 41 años y 23 temporadas haciendo delirar a las tribunas con los destellos de sus furibundos disparos.

Esa tarde en el Estadio Nacional dejó estampada su estirpe goleadora al marcar tres golazos en la valla de Alianza Lima, custodiada por Heraclio Paredes. Una nueva generación de cracks rodeaban al ya veterano Lolo. Entre ellos estaban Alberto Terry, René Gutiérrez, Osorio y Da Silva.

Tres meses después, el 14 de octubre, frente al Centro Iqueño, el incomparable “Cañonero” le entregó su chompa número 9 a Manuel Arce, su sucesor. En ese momento llegaba al final la carrera más brillante del ídolo máximo de la “U”. Se cerraba el ciclo del jugador que ha pasado a ser el símbolo de esa divisa crema.

Esa noche Lolo salió de la cancha entre una estruendosa ovación de hinchas y contrarios. Era el tributo de una afición, que de pie le brindaba sus mejores palmas a un crack inigualable, que quedó en el corazón de toda la afición.

[VIDEO: Los goles del “Cañonero” en su último partido ante Alianza Lima.]

 

SU OTRO GENIO

El cañonero y tres jocosas anécdotas

Teodoro Fernández Meyzán, o simplemente “Lolo”, fue siempre una fuente inagotable de anécdotas y ocurrencias. Aún hoy, cuando en su gloriosa ancianidad se ha visto aquejado por una dolencia irreversible que ha mermado sus facultades, conserva, todavía, destellos de esa singular “chispa” con la que cautivaba a quienes tuvimos la suerte de escuchar sus jocosas narraciones.

De ellas hemos escogido tres anécdotas que lo pintan de cuerpo entero:

– La cosecha de mangos

Al empezar la década del ’30, cuando viajar por carretera era realmente una hazaña, Universitario fue contratado para realizar una gira en Fiestas Patrias por el sur del Perú.

Fue tal la atracción que despertó la presentación de la escuadra “crema” que tenía como máxima figura al “Cañonero”, que los campos se llenaban de bote a bote y la gente tenía que llevar un banco o un par de adobes para seguir las incidencias de los partidos, porque las tribunas casi no existían.

En uno de esos encuentros donde ya no cabía un alfiler, una veintena de hinchas se subió a las ramas de un gran árbol que estaba ubicado justamente detrás de uno de los arcos sin redes de aquellos tiempos.

En la segunda etapa, cuando a la “U” le tocó atacar hacia el arco donde estaba el árbol, se produjo un tiro libre favorable a los “cremas” y “Lolo”, ante el pedido de la multitud, se aprestó a ejecutarlo. Colocó la pelota en un montículo, como era su costumbre, agachó la cabeza y pateó tres veces el suelo con la punta del pie, para enfilar luego uno de sus mortíferos disparos. El globo penetró limpiamente al arco y rebotó en el árbol precipitando la incontenible caída de los hinchas que se agolpaban en su frondoso ramaje.

“Hermoso –contó ‘Lolo’–, francamente que me asusté al ver cómo se caían los paisanos al suelo. Si parecía una cosecha de mangos maduros…”.

 

– Los apristas de Escocia

En la famosa gira del combinado del Pacífico que integraron futbolistas peruanos y chilenos, y que jugó nada menos que 39 partidos en campos de Europa, con 13 partidos ganados, 13 empatados y 13 perdidos, la “docena del diablo” como se dijo después, “Lolo” anotó un gol de antología en la ciudad de Glasgow, cuando enfrentaron a la selección de Escocia.

Señaló que la jugada se inició cuando Mario Pacheco, “Pachequito”, avanzó por la derecha esquivando limpiamente a un escocés, para sacar desde la línea final uno de esos centros templados y precisos que eran su característica. “Lolo”, que venía desde atrás, empalmó en el aire esa pelota que caía sobre el área, y la clavó en una esquina alta ante el asombro de una multitud que se quedó muda.

De pronto estalló una estruendosa ovación y en las tribunas aparecieron millares de pañuelos blancos que se agitaban al aire.

“Primo –le dijo ‘Lolo’ a Villanueva– fíjese cuántos apristas hay en Escocia”.

Después, en el camarín recién se enteraron que los escoceses acostumbran festejar los goles de excepción sacando pañuelos blancos y agitándolos entusiastamente.

 

– La “amnesía” de Prisco

Fue un clásico que jugaron la “U” y Alianza en las finales de la década del ’40, y donde Prisco Alcalde actuaba como zaguero del cuadro victoriano y tenía “seco” a “Lolo” porque lo había anulado a lo largo del encuentro.

Poco antes de terminar el cotejo se cobró un tiro libre favorable a la “U” y a unos 25 metros del arco aliancista.

Prisco se puso en la barrera frente a la pelota y no quiso escuchar el pedido de “Lolo” que le dijo: “Quítese tocayo, quítese de allí”.

– “Tire nomás primo, tire sin miedo que donde hay hombres no mueren hombres” fue la respuesta de Prisco.

El cañonazo de “Lolo” fue rechazado de cabeza por el zaguero, quien luego de dar varias vueltas como si fuera un trompo, se desplomó sin conocimiento.

Tuvieron que llevar a Prisco a la Clínica Italiana donde se comprobó que había sufrido conmoción cerebral y tuvo que permanecer una semana en absoluto reposo.

Cuenta “Lolo” que desde aquella lejana vez, Prisco perdió la memoria… en lo que a pagar deudas se refiere.

 

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Foto de 1972

En 1972, la “U” estuvo a un paso de la gloria. Fuente: Caretas.

 

CUANDO ARAÑÓ LA COPA

El subcampeonato y el dilema de Scarone

La noche del 24 de mayo de 1972, la “U” estuvo a un paso de alcanzar la gloria. Ese año obtuvo el subcampeonato en la Copa Libertadores, es decir, el máximo sitial que ha logrado –hasta hoy– un equipo peruano en ese certamen.

Todo comenzó cuando la escuadra merengue, teniendo como entrenador a Roberto Scarone, conquistó el título local. Pero con la clasificación afloró un serio problema. Paralelamente a la apertura de la Copa Libertadores, el técnico Lajos Baroti convocaba al equipo nacional que debía hacer una extensa gira por Europa. Entre los jugadores seleccionados estaban muchos cracks cremas: Soria, Cruzado, Chumpitaz, Castañeda, Bayletti, Rojas. Scarone se quedaba con una plana de suplentes, pero que eran de lujo. En base a hombres como Carbonell, Cuéllar, Oblitas, “Cachito” Ramírez, Ballesteros, Uribe, entre otros, se inició la campaña.

En la primera ronda, la “U” deja atrás al Alianza Lima, al San Felipe y “U” de Chile. En la segunda vuelta el arranque no fue auspicioso. Perdió con Peñarol. Pero ante Nacional el tono fue otro. Goleó al campeón uruguayo por 3 – 0. Esa noche Percy Vílchez marcaría un gol de antología. Hizo dibujar y hacer “gatear” por el gramado, nada menos que al brasileño Manga, en ese tiempo considerado el mejor golero de Sudamérica.

En los partidos de vuelta, iguala con Nacional y Peñarol en vibrantes partidos ante el asombro de la hinchada charrúa que había llenado el Centenario. El sueño de llegar a la gran final de la Copa se había hecho realidad. Lo esperaba Independiente para dilucidar el título.

Mientras tanto la selección retornaba de Europa y los jugadores volvían a sus equipos. Surgió, entonces, el gran dilema: mantener al cuadro que había logrado la clasificación o recurrir a los jugadores consagrados. Las opiniones estaban divididas.

El estratega uruguayo se corrió el riesgo: puso a los seleccionados. El primer partido, que se realizó en el Estadio Nacional, fue intensamente luchado. Terminó 0 – 0. La mayoría entonces opinó que el técnico debía apelar al equipo de suplentes. Scarone llevó a Buenos Aires las dos alternativas. Y solo minutos antes del cotejo se animó a ubicar a los titulares.

Esa noche el estadio de Avellaneda rugía. Independiente alineaba con su mejor once. El duelo se definió por 2 – 1 a favor del equipo “rojo”. A los 5 minutos Maglioni abría la cuenta. A los 15, el mismo Maglioni aumentaba el marcador. La “U” comenzó a luchar contra la corriente y esa enfervorecida hinchada que alentaba los colores de Independiente. A los 30 llegó un respiro. El “Trucha” Rojas, tras magistral jugada, venció a Santoro y puso el marcador 2 – 1. Por más que luchó la “U” no pudo doblegar la férrea defensa platense.

Después del partido, Roberto Scarone musitaba: ¿Qué hubiera pasado si en este encuentro ponía a los suplentes? Una interrogante que nunca encontrará respuesta.

Chale, equipos, Oblitas

En la izquierda: Roberto Challe. Al medio: equipos cremas campeones del ’34, ’45, y ’90 (de arriba hacia abajo). Derecha: Juan Carlos Oblitas. Fuente: Caretas.

 

Créditos de las notas, según aparecen en la revista:

Edición: Domingo Tamariz, José Aquije / Colaboradores: Javier Rojas, Manuel Doria y Abelardo Sánchez León / Fotografía: Víctor Ch. Vargas y Archivo CARETAS / Diseño de carátula: Julio Talledo / Arte final: Jesús Pinedo / Corrección: Federico Ortiz.

*Leyendas y fotos tomadas de Caretas. Foto de portada tomada de ArkivPerú.

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