El humor en Abraham Valdelomar: sus caricaturas en “Monos y Monadas” y sus retratos en “Colónida”

“Uno de los elementos esenciales del arte de Valdelomar es su humorismo”, asegura José Carlos Mariátegui. Empero, pocas son las referencias sobre las facetas de caricaturista y retratista del cuentista iqueño. Entre ellas, el narrador Willy Pinto escribió en Caretas, en 1978, sobre los inicios, influencias y contribuciones, tanto estéticas como teóricas, de Valdelomar en el arte de la caricatura; sobre todo en la revista satírica “Monos y Monadas”. Mariátegui, por su parte, analiza el humorismo de El Conde de Lemos en sus 7 ensayos, lo que se transcribe en la segunda parte de este post, junto a algunos retratos que dibujó Valdelomar para “Colónida”, la revista que dirigió.

Valdelomar

Pedro Abraham Valdelomar Pinto, su nombre completo.

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MONADAS DE VALDELOMAR 

Escribe: WILLY F. PINTO GAMBOA (Caretas, 1978)

En “Monos y Monadas”, la revista satírica de Leonidas Yeroví había un caricaturista de lujo: nada menos que Abraham Valdelomar. El escritor incursionó en la caricatura, buscando conferirle un sentido más estético sin que sufriera menoscabo su intención burlona.

A pesar de una muerte insólita y prematura Abraham Valdelomar dejó una obra varia y sugerente, en la cual no está ausente la sátira disolvente, como es la expresada en sus Cuentos Chinos, antológicos relatos donde pone en solfa a la dictadura del coronel Óscar R. Benavides. No obstante, no se podría valorar plenamente al escritor satírico sin la visión de su arte caricaturesco. No debemos olvidar que sus inicios periodísticos en Cinema, Gil Blas y Monos y monadas, fueron a través de ejecuciones caricaturescas; advirtiéndose que antes de la aparición de estas revistas las caricaturas, generalmente de tema político en el Perú, eran elementales y burdas, proclives al insulto grueso o a la ofensa pública, sin embargo, el nuevo siglo y muy probable debido a la influencia modernita, se asimila mejor la gracia, la fineza y el encanto en la caricatura, tal como lo testimonian las publicaciones mencionadas. Valdelomar contribuyó eficazmente en el mejoramiento estético de la tradicional e intrascendente caricatura política. Una de las influencias más notorias la recibió de la revista Simplicissimus (1895) una publicación decidida a humanizar con cierto vitriolo al burgués germano de vida rigurosamente acartonada; en ella, la influencia del arte nipón era evidente, sobre todo en el ritmo de la línea y la armonía de los blancos y los negros que bien supo asimilar Abraham Valdelomar.

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“De teorizar sobre la sátira y la caricatura, Abraham Valdelomar pasó a practicarla de manera (…) y corrosiva” / Foto: Caretas.

UN TEÓRICO DEL ARTE

El Conde de Lemos fue el primer escritor peruano que teoriza sobre este arte, así en “La Caricatura”, estudio comparativo con la sátira, escribió: “La caricatura es la sátira gráfica, la sustitución de la frase por la línea, la pintura de lo defectuoso y lo deforme, a fin de señalar con el ridículo los crímenes y las injusticias, las flaquezas y las tendencias de los hombres”. Y afirmó que en cuanto se refiere al cumplimiento de un orden moral: “Más debe la moral al temor a la sátira que el amor a la virtud… ”. Otra obra “Ensayo sobre la caricatura”, es un asedio en torno al arte de la caricatura, arte que para Valdelomar contiene trascendencia divina y metafísica: “Dios ha sido el primer caricaturista y su obra más perfecta es una calavera…”. “La calavera es la más antigua y más sabia caricatura de lo más trascendental del universo: la vida”.

Valdelomar tuvo también influencia de la revista francesa La Caricatura, publicación que había fletado un estilo que consistía en identificar plenamente el trazo a la índole del personaje; al respecto en el siglo XVII Baldinucci hablando de la caricatura decía que el retrato en conjunto parece ser el modelo mismo, si bien sus partes componentes habían sido cambiadas, el ejemplo más cabal de tal apreciación fue el conjunto de dibujos que mostraban la metamorfosis de Luis Felipe, el “Rei Burgeois”, en “poire” (“poire”, pera, significaba bobo en caló); Philippon, autor de la idea y editor responsable de La Caricatura, disculpándose, publicó una hoja afirmando que él no tenía la culpa de que el rostro del rey tuviese similitud con la expresión de la necedad y, efectivamente, el cambio de rostro en pera ocurría a la vista de los lectores. Hay que advertir que Valdelomar era autor en Monos y Monadas de la tira “Metemsicosis”, en la cual los personajes pergeñados se iban desdibujando hasta perder su perfil para transformarse en figuras vinculadas a su verdadero ánimo, sobre todo las caricaturas se referían a los políticos del momento (Leguía en su trasmutación equina, su ansia galopante de poder, Federico Elguera, en lora: en su función de burgomaestre limeño, más parlanchina que efectiva, etc.). Asimismo había establecido otra historieta: “Calles de Lima” que era una identificación entre antiguos nombres de vías capitalinas con instituciones y políticos: “Borriqueras” (Cámara de Diputados), “Judíos” (La Prensa y El Liberal), “La Penitencia”, don Nicolás de Piérola, etc.

Caricaturas - Valdelomar - Monos y monadas

Izquierda: caricaturas de Clemente Palma, Antero Aspíllaga y Antonio Miró Quesada. Derecha: la transmutación equina de Leguía. / Foto: Caretas.

LA REVELACIÓN POR LA CARICATURA

La caricatura vista así, para Valdelomar no era la carimba o la acentuación de un rasgo exagerado sino la revelación de la idiosincrasia del ser; procedimiento que por otro lado el exquisito conteur, había puesto a prueba en su intención satírica, tanto para despojar supuestos abolengos como lo hace con “la tres veces coronada villa”: Lima tiene una psicología de amanuense, se viste de nuevo cada 28 de julio… Pero, el resto del año la monotonía se apodera de la ilustre urbe y Lima adopta psicología de beata. No se inmuta, no se alegra, no se exalta, ni se embriaga”: como para desdecir respetable institución como es la democracia: “Cretino y encanallado bellaco digno de ser envenenado con queso de cabra, fuera quien, en los tiempos que corren, sostuviera que la democracia, esta noble madre de los pueblos, es inconveniente; pero hipócrita, malsín, mentiroso y zamarro, digno que le frieran los sesos en aceite de linazas, sería quien sostuviera que nosotros conocimos, hemos conocido o conocemos o conoceremos algún día a tan esquiva dama… No es el símbolo de nuestra democracia, la dama de perfil romano con cachucha roja y una balanza en las manos, no, nuestra democracia podía representarse por un coronel zambo y bigotudo, con poncho y puñal y una botella de cañazo debajo de tal poncho. Si algo tenemos de valioso, si algún recuerdo ennoblece nuestra historia, no nos lo legaron los coroneles zambos que fueron presidentes de la república… La república no ha hecho más que destruir bellezas y romper libertades, despedazar constituciones y derrocar gobiernos…”.

Todo lo cual quiere decir que el atildado autor de El caballero carmelo, nutría su sátira y su caricatura, en cierto modo, en nuestra calamitosa historia.

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MARIÁTEGUI: “LA EGOLATRÍA DE VALDELOMAR ERA EN GRAN PARTE HUMORÍSTICA” 

El Amauta, en su séptimo ensayo, analiza a Valdelomar, su humorismo y Colónida, la revista efímera que dio nombre a un importante movimiento a inicios del siglo XX y que representó una insurrección contra el academicismo y sus oligarquías. Mariátegui sostiene, además, que ese movimiento cumplió una función renovadora, a tal punto que sacudió la literatura nacional. “La denunciaron como una vulgar rapsodia de la más mediocre literatura española. Le propusieron nuevos y mejores modelos, nuevas y mejores rutas”, escribe.

Luego, sobre el humorismo de Valdelomar afirma que fue uno de los elementos esenciales de su arte. A continuación, las principales líneas* al respecto del Amauta, en sus 7 ensayos:

“La egolatría de Valdelomar era en gran parte humorística. Valdelomar decía en broma casi todas las cosas que el público tomaba en serio. Las decía pour épater les bourgeois. Si los burgueses se hubiesen reído con él de sus “poses” megalomaníacas, Valdelomar no hubiese insistido tanto en su uso. Valdelomar impregnó su obra de un humorismo elegante, alado, ático, nuevo hasta entonces entre nosotros. Sus artículos de periódicos, sus “diálogos máximos”, solían estar llenos del más gentil donaire. Esta prosa habría podido ser más cincelada, más elegante, más duradera; pero Valdelomar no tenía casi tiempo para pulirla. Era una prosa improvisada y periodística”.

Valdelomar  - Internet

“Las decía para impresionar a los burgueses”, afirma Mariátegui.

Seguidamente, a pie de página, Mariátegui continúa narrando: “El humorismo de Valdelomar se cebaba donosamente en las disonancias mestizas o huachafas (…). Su humorismo era así, inocente, infantil, lírico. Era la reacción de un alma afinada y pulcra contra la vulgaridad y la huachafería de un ambiente provinciano monótono (…)”.

“Ningún humorismo menos acerbo, menos amargo, menos acre, menos maligno que el de Valdelomar. Valdelomar caricaturizaba a los hombres, pero los caricaturizaba piadosamente. Miraba las cosas con una sonrisa bondadosa. Evaristo, el empleado de la botica aldeana, hermano gemelo de un sauce hepático y desdichado, es una de esas caricaturas melancólicas que a Valdelomar le agradaba trazar. En el acento de esta novela de sabor pirandelliano se siente la ternura de Valdelomar por su desventurado, pálido y canijo personaje”.

(…)

Posteriormente, Mariátegui resalta que el cuentista fue “muy moderno, audaz, cosmopolita”. “En su humorismo, en su lirismo, se descubre a veces lineamientos y matices de la moderna literatura de vanguardia”.

(…)

“Pero a Valdelomar lo preserva de una excesiva intoxicación decadentista su vivo y puro lirismo. El humour, esa nota tan frecuente de su arte, es la senda por donde se evade del universo d’annunziano. El humour da el tono al mejor de sus cuentos: Hebaristo, el sauce que se murió de amor (…)”.

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LOS RETRATOS DIBUJADOS EN COLÓNIDA (Y DOS FIRMAS DE VALDELOMAR)

Finalmente, se incluyen dos retratos que se publicaron en Colónida, revista que contó con la colaboración de destacados intelectuales como José M. Eguren, José Santos Chocano, Federico More, José Carlos Mariátegui, entre otros.

Retratos - Valdelomar - Colónida

Eguren y Gibson retratados por Valdelomar en Colónida.

En la derecha, José María Eguren. El dibujo apareció en la carátula de la segunda edición de Colónida, el 1 de febrero de 1916, en Lima. En la izquierda, el también vate Percy Gibson, en un “retrato al carbón por Abraham Valdelomar”, como se puede leer en la leyenda, publicado en la edición número tres, el 1 de marzo de 1916.

Se adicionan dos firmas encontradas de Valdelomar. La de la arriba apareció junto al texto Sor Cándida, que escribió en la segunda edición de Colónida. La firma inferior la colocó junto a su caricatura de Clemente Palma, en Monos y monadas.

Firmas de Valdelomar

El Conde de Lemos era el seudónimo aristocrático de Valdelomar.

*Extractos, de las páginas 286 al 289, tomadas de su libro 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (Empresa Editora Amauta | 19a edición – Lima, 1971)

Foto de portada: Andina.

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