La importancia de las Humanidades en colegios y universidades, por Luis Alberto Sánchez

Por “un torpe tecnicalismo se ha creído que para servir mejor al ‘desarrollo’ del Perú hay que olvidarse de la cultura misma, madre de la ciencia y abuela de la tecnología”, escribió Luis Alberto Sánchez, uno de los principales intelectuales peruanos del siglo XX, el 14 de enero de 1985 (en la edición Nº 833 de Caretas). En esa columna argumentó, ¡con total vigencia en la actualidad!, sobre la importancia de enseñar Humanidades, tanto en escuelas como en universidades, ya que “las Humanidades son el sustrato mismo de la cultura y la cultura es no solo conocimiento de la materia sino también conocimiento del espíritu”.

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Fuente: Caretas.

Texto:

Escándalo

Un canal de TV realizó la semana pasada una encuesta entre alumnos de una Universidad limeña, bastante acreditada, sobre César Vallejo. Los resultados, vistos y oídos por no menos de un millón de personas, fueron lamentables, más aún, vergonzosos. El 90% de los encuestados no tenía idea precisa del gran poeta de Poemas Humanos. Creo que el asunto merece más de una reflexión.

En primer lugar, el propio encuestador incurrió en el yerro de llamar al poeta con el apellido de “Vallejos”, con un “s” suplementaria y delatora. Parecía que de tanto hablar de César, a quien traté y conocí tanto en San Marcos como en diversos lugares, se ha vuelto un tópico, o sea alguien y algo que se nombra con inexactitud y sin saber el qué, el quién, el cuál, el dónde ni el porqué.

Uno de los alumnos encuestados atribuyó a Vallejo la paternidad de La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, hecho inaudito en un universitario. Casi ninguno sabía qué obras había escrito Vallejo. Ninguno se atrevió a aludir a su valor trascendental ni a ubicarlo dentro de la órbita cultural castellana, latinoamericana ni peruana. Fue un certamen de ignorancias diplomadas o por diplomarse que llama a sobresalto.

El asunto no es solo el caso Vallejo, en una Universidad de Lima; el caso es grave: es la incultura fundamental no solo en un centro superior, sino en todos o casi todos los centros superiores de la República. Con un torpe tecnicalismo se ha creído que para servir mejor al “desarrollo” del Perú hay que olvidarse de la cultura misma, madre de la ciencia y abuela de la tecnología. Nos  quedamos con los nietos un tanto descastados por su olvido del linaje, y marchamos alegremente a la Conquista de la Nada con la colaboración de Don Nadie.

En algunos países subdesarrollados existe el complejo anímico de la incultura básica; en el Perú se cree ahora que un médico debe ignorar la historia, que un científico no tiene necesidad de la filosofía, que un antropólogo se encuentra totalmente lejos de la poesía a pesar de Pitágoras, de Paul Valery y de Ernesto Sábato, este último prestigioso físico antes que gran novelista y firme crítico de los pecados de su pueblo.

No, señores profesores y estudiantes. Toda técnica requiere base científica y la ciencia no es solo estudio de lo material, sino expresión canalizada de una profunda inquietud y una creadora curiosidad en la que se juntan ciencia y poesía. Poesía o poesis equivale a creación; creación implica actividad de la fantasía; fantasía quiere decir superación de la realidad tangible; superar la realidad tangible es el descubrimiento de Pasteur, el relativismo de Einstein, el rigor lógico de Descartes, la inspiración de Goethe, el profundo realismo de Cervantes, y por qué no, la poesía de Vallejo. Yo he escuchado con admiración al general De Gaulle hablando de Literatura y Filosofía y he leído las memorias de Winston Churchill y su biografía de los Malborough, sus antepasados. Pitágoras fue un poeta y un matemático, Aristóteles resumió la ciencia y la poesía del mundo griego. En Dante Alighieri se juntan los conocimientos históricos, políticos y teológicos de su tiempo. Carlos Marx escribió versos a Jenny de Westfalia y en sus obras hay tanta imaginación que ha servido para estimular sueños y cálculos al mismo tiempo. Bergson fue, al par que filósofo, un físico y un escritor de gran vuelo. Goethe entristeció a su siglo con las angustias de Werther y al mismo tiempo soñó en el Canal de Panamá y utilizó a los hermanos Humboldt para colmar su vacío de ciencia.

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Dibujo que acompaña a la columna. Autor: Mario Molina. Fuente: Caretas.

 

Queremos decir con todo esto que nuestros planes de educación en colegios y universidades exigen un radical viraje hacia las Humanidades, de donde parten todos los conocimientos y posibilidades del hombre. Las Humanidades son el sustrato mismo de la cultura y la cultura es no solo conocimiento de la materia sino también conocimiento del espíritu. Un pueblo que no canta es un pueblo vencido, eso lo saben bien no solo Europa y Estados Unidos sino inclusive las primitivas sociedades africanas. El haber eliminado o reducido los estudios generales o las pre, y el haber exprimido todo lo alto y duradero de los programas de Educación Secundaria es causa principal de la desorientación en que se educan nuestros muchachos. Si, como dice el primer artículo de nuestra Constitución, “La persona humana es el fin supremo de la sociedad y el Estado”, tenemos que estudiar a la persona humana en su pluralidad creadora para construir una sociedad mejor.

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