Luis Alberto Sánchez desmiente supuesta agresión de sanmarquinos a Riva Agüero

En una columna del 30 de mayo de 1983, publicada en la edición Nº 750 de Caretas, Luis Alberto Sánchez (LAS), intelectual peruano, desmintió la versión de una supuesta agresión que José de la Riva Agüero habría recibido por parte de estudiantes sanmarquinos y que explicaría por qué cambió su testamento y no le heredó a San Marcos su vasta fortuna, comprendida en extensos inmuebles (casonas virreinales y el fundo Pando), y, en cambio, los dejó a la Universidad Católica. La versión cuenta, según la novela “El botín de la Buena Muerte”, cuyos fragmentos son transcritos en este blog, que Riva Agüero fue detenido, mientras cruzaba el Patio de Derecho de la Casona de San Marcos, por un grupo de universitarios apristas que le gritaron “¡Fuera el reaccionario!”. Se supone que luego intentaron echarlo a la pileta, lo que Riva Agüero impidió con su bastón y, sobre todo, gracias al  apoyo de otros estudiantes quienes replicaron: “¡Nadie vejará al Maestro!”. Empero, LAS objeta esa versión y presenta los verdaderos motivos que indignaron a Riva Agüero, y, sobre todo, resalta su cercanía a la Universidad Católica, “su Alma Máter primigenia”.

Copia de CDH - Riva Aguero y SM

Caretas Nº 750.

[Texto]

Riva Agüero y San Marcos

Últimamente en la Universidad Católica se ha hecho alusión a una impuesta actitud irrespetuosa de los estudiantes de San Marcos contra José de la Riva Agüero, estableciendo que fue algo así como una agresión personal, cuando aquel se hallaba de visita en nuestra Alma Máter. Los hechos no corresponden a ese aserto. Riva Agüero estuvo en San Marcos por última vez entre junio y julio de 1931, y fue para presidir en el Instituto de Historia de la Facultad de Letras en el que participaban ya representantes estudiantiles, entre ellos Jorge Fernández Stohl y Jorge Patrón Irogiyen, de lo cual puede dar fe Nicanor Silva Salgado, actualmente miembro del Tribunal de Garantías Constitucionales. Lo que ocurrió fue distinto: en octubre de 1930, el local de San Marcos fue capturado por los estudiantes de Medicina, que lo retuvieron hasta febrero de 1931, en que los desalojó violentamente la policía, matando al estudiante de Medicina, Guido Calle, el gobierno  expidió un decreto ley estableciendo la participación estudiantil y otras reformas. En la elección del rector, realizada en mayo, rivalizaron Víctor Andrés Belaunde y José Antonio Encinas, ambos desterrados por el régimen de Leguía. Encinas ganó muy largamente y organizó la universidad considerando la participación de los estudiantes en el gobierno de ella. Riva Agüero aceptó esa participación y la presidencia del Instituto de Historia.

Riva Agüero fue catedrático auxiliar de Historia del Perú desde 1910, en que se doctoró con su tesis La Historia en el Perú. Solo dictó tres clases magistrales sobre fuentes históricas, en 1918, por invitación de don Carlos Wiese, catedrático principal de Historia Crítica del Perú. Riva Agüero recibió un homenaje en el Palais Concert a causa de esas tres lecciones: Leguía subió al gobierno el 4 de julio de 1919 y Riva Agüero se autodesterró desde fines de agosto de ese año hasta fines de agosto de 1930 en que regresó coincidiendo con la caída de Leguía.

Su autodestierro está documentado en la sección Ecos de La Prensa por Luis Fernán Cisneros, y en la respuesta de José María de La Jara y Ureta.

Cuando regresó Riva Agüero quiso conocer a los nuevos valores, personalmente, yo organicé un almuerzo en su casa de Chorrillos al que asistieron Raúl Porras, Jorge Basadre, Enrique Peña, Estuardo Núñez, Martín Adán y otros, y una visita a la Escuela de Bellas Artes donde le presenté a Sabogal, Julia Codesido, Camilo Blas, Vinatea Reinoso. Quería tomar el pulso a la nueva generación, y aceptó, producida la elección de Encinas, el sistema universitario con delegados estudiantiles según dije anteriormente.

Víctor Andrés Belaunde, después de la elección de Encinas fue propuesto y aceptado como catedrático de la Facultad de Derecho a la que había pertenecido, propuesto después a la Facultad de Letras, le ganó Manuel G. Abastos, por un voto y en la segunda votación. Esto indignó a Riva Agüero quien lo consideró un acto hostil e inmerecido. Además una conferencia de Víctor Andrés en el General de San Carlos fue ruidosamente interrumpida por los estudiantes enemigos del civilismo, entre ellos principalmente los comunistas, que frustraron una conferencia de Manuel Seoane en el mismo lugar. Riva Agüero renunció entonces violentamente a su condición de catedrático de San Marcos y por tanto a la dirección del Instituto de Historia, en carta publicada en El Comercio. En esta carta no fue del todo veraz pues adujo como una de las razones de su renuncia la participación estudiantil en el gobierno de la universidad, participación, que ya había aceptado de hecho en el Instituto de Historia. No recuerdo ningún acto de rechazo físico a Riva Agüero por los estudiantes de San Marcos, salvo una traición de mi memoria.

Copia (2) de CDH - Riva Aguero y SM

Riva Agüero. Vía: Caretas. Ilustración de Molina.

 

Fue entonces cuando Riva Agüero, que era ex alumno del colegio de La Recoleta, fundador este de la Universidad Católica en 1917, anunció en un discurso pronunciado en la reunión anual de ex alumnos, su retorno al catolicismo y su simpatía pro fascista. Su acercamiento a la Universidad Católica obra del padre Dintilhac, nuestro ex profesor de inglés y de filosofía, era una consecuencia natural de ser ex alumno de La Recoleta, en cuyo local funcionó durante muchos años la Universidad Católica. Riva Agüero era fiel a su Alma Máter primigenia: el colegio de La Recoleta a través de él, de la Universidad Católica. Los primeros gobernantes de La Católica fueron ex alumnos de La Recoleta, Velaochaga, Javier Correa y Elías, Raimundo Morales de la Torre, Ismael Bielich, etc.

Tal vez este recuento pese a ser indocumentado y sin embargo excesivamente prolijo y hasta pueril, no lo puedo evitar. He querido dejar en claro porque así han sido los hechos que la relación San Marcos-Riva Agüero fue íntima hasta 1918 y, después tan esporádica como discreta. Los estudiantes sanmarquinos fueron muchas veces injustos, como en los casos de Víctor Andrés Belaunde, de André Malraux, Lin Yu Tan y otros. Pero, con Riva Agüero, no hubo al menos oportunidad de un choque personal. En un pequeño artículo de cómo conocí a Riva Agüero, publicado en la Nueva Crónica (1963) he transcrito una docena de cartas de Riva Agüero a mí, que ilustran mucho acerca de su recio carácter y su terca ternura, así como sus firmes convicciones. Lo digo en honor a la verdad con la que me siento cada vez más ligado.

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